
La ciudad que nació de la desobediencia y convirtió la rebeldía en parte de su identidad
Este 6 de julio la ciudad cumple 453 años. La fundó Jerónimo Luis de Cabrera desobedeciendo una orden virreinal, le puso el nombre en homenaje a su esposa y, apenas un año después, esa misma rebeldía le costó la vida.
El hombre que imaginó una ciudad distinta
Jerónimo Luis de Cabrera nació en Sevilla, en 1528, en una España que todavía vivía las consecuencias de la Reconquista y atravesaba la expansión ultramarina iniciada tras la llegada de Cristóbal Colón a América, casi cuatro décadas atrás.
Militar, noble y con una formación poco habitual para un conquistador de la época, llegó al continente americano y desarrolló una importante carrera en el Virreinato del Perú. Antes de arribar al actual territorio argentino ya había fundado la ciudad peruana de Ica, experiencia que le valió el nombramiento como gobernador del Tucumán por parte del virrey Francisco Álvarez de Toledo.
El mandato virreinal era claro: Cabrera debía fundar poblaciones en lo que hoy es el sur de Salta o en Santiago del Estero, para consolidar el dominio español en esa franja del continente. Detrás de esa orden había, según distintas lecturas historiográficas, una necesidad geopolítica de época: encontrar una salida hacia el océano Atlántico que no dependiera de las rutas del norte y afianzar el control del Virreinato del Perú en una región donde España disputaba poder con otras potencias europeas.
Cabrera, sin embargo, consideró que esas tierras eran poco productivas para el asentamiento que imaginaba. En junio de 1573 partió desde Santiago del Estero al frente de una columna de más de cien hombres, muchos de ellos con una formación notable para la época, ya que sabían leer y escribir, y avanzó hacia el sur, hacia el territorio de los comechingones. Antes de llegar, envió una avanzada al mando de Lorenzo Suárez de Figueroa, encargado de relevar a la población originaria y confirmar que no ofrecería resistencia. Las crónicas indican que el contacto inicial fue pacífico, una situación muy distinta de la resistencia que los españoles habían encontrado en otros lugares, como Buenos Aires. Con esa información, Cabrera decidió continuar hacia el valle del Suquía.
Tras un primer intento de poblamiento en la zona de Quisquisacate el 24 de junio, Cabrera fundó finalmente la ciudad el 6 de julio de 1573, a la vera del río Suquía, sin cédula real que lo autorizara y sin la venia del virrey ni del rey Felipe II.
Fue, en los hechos, un acto de desacato: nadie le había ordenado fundar allí, y esa decisión, tomada por su cuenta y riesgo, terminaría definiendo tanto el destino de la ciudad como el suyo propio.
«Córdoba de la Nueva Andalucía»: un nombre con historia
El bautismo de la ciudad tuvo, en el fondo, un motivo bastante más íntimo que geopolítico. Cabrera la llamó «Córdoba de la Nueva Andalucía» en homenaje a su esposa, Luisa Martel de los Ríos, oriunda de la Córdoba española, en Andalucía. Se dice que era, además, el cumplimiento de una promesa que le había hecho antes de embarcarse hacia América. Con el correr de los siglos, el nombre se fue acortando hasta el actual «Córdoba», pero el gesto original, una ciudad bautizada como tributo conyugal, sigue siendo uno de los datos más curiosos de su fundación.
Un fuerte que duró apenas cuatro años
El documento fundacional conserva el plano original del fuerte pensado para la defensa del Real Ejército de Su Majestad, previendo un eventual ataque de los pueblos originarios. Allí puede verse la distribución de las viviendas de los primeros pobladores, la ubicación de los baluartes o «cubos» con la orientación de sus cañones, y el espacio reservado para la plaza. Construido con tapias de adobe y torreones, el fuerte ocupaba apenas la superficie de una manzana.
El sitio elegido tenía ventajas militares evidentes: emplazado sobre una meseta, dominaba visualmente el valle poblado por los comechingones y sus barrancas lo volvían prácticamente inaccesible por varios de sus lados. El problema es que lo que servía para un fuerte no servía para una ciudad. La altura complicaba el riego, los vientos eran una molestia constante y el transporte de mercaderías se volvía dificultoso. Por esas razones, el 11 de julio de 1577, apenas cuatro años después de la fundación, la traza urbana se trasladó aguas arriba, sobre la derecha del mismo río Suquía, a una zona más saludable y con mayor amplitud.
Durante esos primeros cuatro años, toda la vida urbana de Córdoba transcurrió puertas adentro del recinto amurallado del fuerte. Se calcula que aquel primer asentamiento estuvo ubicado donde hoy se cruzan las avenidas 24 de Setiembre y Patria, en barrio Yapeyú, junto a la barranca que mira hacia barrio San Vicente. Un monolito recuerda hoy ese punto exacto como memorial de la fundación.
El nuevo emplazamiento, el que dio origen a la Córdoba actual, fue escogido también por motivos defensivos. Quedaba resguardado entre dos cursos de agua, el río Suquía y La Cañada, que funcionaban como una suerte de murallas naturales, comparables a las defensas de las ciudades europeas de la época.
Las comunidades originarias que habitaban esa zona fueron desplazadas hacia lo que hoy es barrio Alberdi. Esa configuración entre barrancas y cursos de agua terminó conteniendo el crecimiento urbano de Córdoba en un radio bastante acotado durante casi tres siglos.
Un final trágico y el rol clave de Luisa Martel
Apenas un año después de fundar la ciudad, la Corona nombró como nuevo gobernador del Tucumán a Gonzalo de Abreu de Figueroa, quien lo acusó de traición y rebelión, le confiscó todos sus bienes y lo sometió a un juicio sumarísimo.
Las versiones sobre el final de Cabrera difieren: algunos relatos sostienen que fue ejecutado mediante garrote vil; otros afirman que fue trasladado a Santiago del Estero y decapitado el 17 de agosto de 1574, sin haber recibido los sacramentos ni haber podido despedirse de los suyos. Su comitiva tampoco quedó al margen, también fue perseguida por el nuevo poder de turno.
Fue su esposa, Luisa Martel de los Ríos, la misma que había inspirado el nombre de la ciudad, quien años más tarde emprendió una batalla legal para restituir el honor y el patrimonio de su marido. La Real Audiencia, encargada de la cuestión judicial en la América hispánica, no le dio lugar en un primer momento, pero Luisa Martel insistió hasta que su reclamo llegó a oídos del propio virrey.
Gracias a esa persistencia logró recuperar parte de los bienes confiscados y, sobre todo, el buen nombre de Jerónimo Luis de Cabrera, que hoy figura sin discusión como el fundador de la ciudad.
Una ciudad cuya identidad todavía se discute
La historia de Córdoba continúa generando interpretaciones diversas. Para algunos investigadores, su origen representa el legado de la colonización española y de las instituciones que marcaron el desarrollo de la ciudad. Para otros, el hecho de haber nacido de una decisión tomada al margen de las órdenes oficiales constituye el primer antecedente de una identidad crítica y contestataria que reaparecería siglos después.
La historiadora Marta Philp sostiene que cada aniversario de la ciudad funciona como un escenario donde distintas generaciones reinterpretan su pasado desde las preocupaciones del presente, mientras que el historiador Efraín Bischoff veía en Córdoba una provincia con una personalidad propia que reclamaba un lugar más relevante dentro de la historia nacional.
Un aniversario para mirar más allá del cumpleaños
Córdoba nació en el corazón del continente, lejos del mar y de los grandes centros de poder colonial. Sin embargo, terminó convirtiéndose en una de las ciudades más influyentes del país.
También resulta llamativo que la ciudad haya demorado 382 años en rendir homenaje a quien la fundó: aunque la iniciativa surgió en 1940, recién el 6 de julio de 1955 quedó inaugurada la Plazoleta del Fundador, detrás de la Catedral, junto con la imponente estatua de bronce de Jerónimo Luis de Cabrera. Ese reconocimiento tardío refleja una relación compleja con su propia historia y con una figura que sigue despertando miradas contrapuestas.
Cada 6 de julio no solo se recuerda cómo nació Córdoba, sino también por qué nunca dejó de hacerse escuchar. Y cómo aquella decisión de desafiar el poder sigue latiendo en una identidad que nunca dejó de combinar tradición, orgullo y rebeldía.
Fuente: Hoy Día Córdoba