
La inflación bajó al 1,87% en junio, pero más de la mitad de los hogares no logra cubrir la canasta alimentaria
El Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) presentó su informe correspondiente a junio de 2026, en el que destacó una nueva desaceleración de la inflación, aunque advirtió que la mejora de los indicadores macroeconómicos todavía no se refleja en el bolsillo de las familias ni en la recuperación del consumo.
De acuerdo con el relevamiento, la inflación de junio fue del 1,87%, el registro mensual más bajo de los últimos once meses. El instituto atribuyó esta desaceleración a una menor incidencia de los aumentos tarifarios y al comportamiento del rubro Alimentos y Bebidas no Alcohólicas, que aumentó apenas un 1,7%, la menor suba desde julio de 2025.
Uno de los factores que contribuyó a contener los precios fue la estabilidad en el valor de la carne vacuna, ya que algunos cortes incluso registraron bajas cercanas al 2%, lo que ayudó a moderar el costo de la Canasta Básica Alimentaria.
Con este resultado, la inflación acumulada durante el primer semestre del año alcanzó el 16,9%, mientras que la variación interanual se ubicó en 33,1%. El IETSE proyectó que, de mantenerse las actuales condiciones macroeconómicas, el año podría cerrar con una inflación cercana al 30,5%, aunque aclaró que la evolución del tipo de cambio será un factor determinante durante julio y los próximos meses.
No obstante, el informe remarca que la desaceleración inflacionaria no alcanza para revertir el deterioro del poder adquisitivo de los ingresos, por lo que la recuperación del consumo y de los indicadores sociales continúa siendo muy limitada.
Más de la mitad de los hogares no cubre la alimentación básica
El estudio también expuso un panorama preocupante en materia social. Para junio, el IETSE estimó que una familia necesitó $1.957.700 para no ser pobre y $1.070.289 para superar la línea de indigencia.
La encuesta de hogares reveló que el 56,6% de las familias no logró cubrir adecuadamente la Canasta Básica Alimentaria.
Entre quienes sí pudieron hacerlo, el 71,2% necesitó complementar sus ingresos mediante programas de asistencia estatal.
Además, el informe mostró que:
El 11,4% de los hogares redujo su alimentación a una sola comida diaria o atravesó situaciones concretas de hambre.
El 21,8% se quedó sin alimentos en algún momento del mes.
El 32,4% manifestó haber sentido hambre sin poder satisfacerla.
El 53,2% redujo la cantidad de comidas diarias, siendo la cena la principal comida eliminada.
El 21,6% debió recurrir a familiares o amigos para solicitar alimentos o ayuda económica.
Crece el endeudamiento para comprar alimentos
Otro dato alarmante es que el 89% de los hogares necesitó financiar la compra de alimentos.
Según el relevamiento:
El 39,3% compró alimentos al fiado.
El 38,4% utilizó tarjetas de crédito.
El 11,2% recurrió a préstamos de familiares o terceros.
Apenas el 10,1% pudo adquirir alimentos sin endeudarse.
El informe también advierte sobre el deterioro del crédito destinado al consumo básico. Las tarjetas de crédito presentan elevados niveles de utilización y aumentan los casos de mora, mientras que el tradicional sistema de ventas al fiado registra una morosidad del 28% y una incobrabilidad del 17,7%, situación que afecta tanto a las familias como a los pequeños comercios.
Sigue cayendo el consumo
En materia de actividad económica, el comercio minorista de alimentos registró una caída interanual del 8,6% en el volumen de ventas durante junio.
El IETSE señaló que el consumo continúa limitado por la pérdida acumulada del poder adquisitivo y el fuerte endeudamiento de los hogares, mientras que los comercios enfrentan menores ventas, mayores costos financieros y un creciente nivel de morosidad, factores que ponen en riesgo la continuidad de numerosos negocios de cercanía.
Una mejora macroeconómica que aún no llega a la economía real
Como conclusión, el Instituto consideró que la desaceleración de la inflación constituye una señal positiva y un paso necesario hacia la estabilidad económica. Sin embargo, advirtió que esa mejora todavía no se traduce en una recuperación del bienestar de las familias ni de la actividad comercial.
El organismo sostuvo que los elevados niveles de inseguridad alimentaria, la persistente caída del consumo, el creciente endeudamiento para cubrir necesidades básicas y la delicada situación del comercio minorista demuestran que los beneficios de la desinflación aún no alcanzan a la economía real.
Por ello, el IETSE planteó la necesidad de complementar la estabilización macroeconómica con políticas destinadas a recuperar el poder adquisitivo de los ingresos, fortalecer el consumo interno y mejorar la capacidad económica de los hogares para lograr una recuperación social y productiva sostenible.