
Erick Rojas teje el poncho que Córdoba le regalará al papa León XIV: "Le estoy dando parte de mi vida"
El artesano Erick Rojas, oriundo del paraje Pachango, en las sierras de Pocho, dialogó con Radio Verdad sobre el proceso de elaboración del poncho que el Gobierno de Córdoba le obsequiará al papa León XIV durante su visita a la provincia.
La pieza, realizada en un telar criollo y con materias primas de producción propia, representa mucho más que una prenda: es parte de una historia de saberes ancestrales e identidad cultural.
Rojas explicó que confeccionar un poncho de estas características demanda entre siete y ocho meses de trabajo. “Yo hace un tiempo que vengo confeccionando el poncho porque lleva bastante tiempo”, señaló, y estimó que le faltaba aproximadamente una semana para terminarlo.
El artesano trabaja con un telar rústico, también conocido como telar de palo o telar criollo, que heredó de sus antepasados. Según contó, esta herramienta mantiene prácticamente la misma estructura desde hace siglos y tradicionalmente se instalaba en los patios de las casas. En su caso, está detrás de la vivienda de sus padres, bajo una ramada que lo protege parcialmente del sol y la lluvia. “Por el largo que tiene el telar, tiene siete metros por más o menos un metro y medio de ancho, no se lo puede tener casi adentro de la casa”, explicó.

Sobre la tradición textil de la región, recordó que Córdoba, Catamarca y Santiago del Estero fueron importantes productoras de tejidos en Argentina. Sin embargo, lamentó que esta actividad haya perdido presencia con el paso del tiempo. También destacó que históricamente gran parte de estos trabajos estuvo en manos de poblaciones indígenas y afrodescendientes.
El poncho destinado al Papa combina lana de oveja, lana de llama y algodón, materiales que Rojas produce por su cuenta. “Yo soy un gran defensor de las producciones de la tierra”, afirmó. Además, incorpora símbolos del pueblo Camiare, más conocido como comechingón, al que pertenece. El artesano integra el Consejo Indígena Provincial, organismo creado por ley que reconoce a familias y comunidades originarias de Córdoba. Según indicó, en la provincia existen alrededor de 40 comunidades indígenas y la suya es la única registrada en Traslasierra.

Reivindicar las raíces y los saberes ancestrales
Durante la entrevista, Rojas reflexionó sobre el peso de la conquista y la colonización en la percepción de las prendas tradicionales. Contó que muchos tejedores y tejedoras no suelen utilizar sus propias creaciones porque durante generaciones estas se asociaron tanto con la identidad indígena como con la pobreza.
“Hay que reivindicarlo y uno no va a ser ni pobre ni rico porque teja o porque utilice una prenda. Al contrario, es una cuestión simbólica que lo ata al lugar de origen, al lugar de donde uno viene”, sostuvo.
En ese sentido, contó que cada vez utiliza más prendas tradicionales, como la faja, el chaleco, la manta y el poncho. También enseña a los niños cómo colocarse la faja y considera importante recuperar esas costumbres. Sobre los morrales, cuestionó que se los asocie exclusivamente con las mujeres o las infancias y propuso darles nuevos usos, por ejemplo, como bolsas para hacer las compras.
“La artesanía tiene eso, que va variando, se puede ir innovando, se pueden ir poniendo cosas sin perder las raíces”, afirmó, al destacar la importancia de conservar los conocimientos sobre los puntos, los materiales y los tintes.
El artesano explicó que para teñir el poncho del Papa utilizó principalmente cáscara de chañar, que aporta tonos beige. Para obtener el rojo, uno de los colores más difíciles de lograr, mencionó la cochinilla —un insecto que vive en las tunas y pencas— y la raíz de una planta conocida en la zona como socondo. También señaló que, al recolectarla, es importante volver a plantar parte de la especie para permitir que continúe reproduciéndose.
Sobre los tintes naturales, aclaró que no alcanza con conseguir un color atractivo: también debe perdurar. Como ejemplo, explicó que la mora tiñe, pero su color se desvanece con el tiempo, mientras que el romerillo permite obtener un amarillo intenso.

“El precio nunca es el precio real”
Consultado sobre el valor de sus trabajos, Rojas indicó que un poncho artesanal parte de un precio base de alrededor de 1.600.000 pesos, que aumenta según las características, los materiales y la complejidad de la pieza. Como referencia, mencionó que un poncho de vicuña, considerado uno de los más costosos del país, puede rondar los ocho millones de pesos.
“Son prendas exclusivas, porque tienen el dueño, tienen el cliente y todo lo demás, y son piezas que se heredan”, explicó.
Sin embargo, para el artesano el valor de una pieza no se mide solamente en dinero. “Yo les doy con garantía, les digo yo, porque me voy a acabar yo y el tejido va a seguir. Yo le estoy dando parte de mi vida”, expresó, al explicar que cada trabajo reúne incontables horas de dedicación y conocimientos transmitidos a través de generaciones.
Finalmente, Rojas agradeció a Radio Verdad por el espacio y destacó la importancia de difundir estas tradiciones. “Siempre es importante que se den a conocer estas cosas así”, señaló.