
EL MITO DE LOS DEGOLLADITOS DE LA CAÑADA: EL TERROR MÁS OSCURO DE CÓRDOBA
El calicanto de La Cañada es, sin dudas, el epicentro de los mitos más escalofriantes de la capital cordobesa. Aunque "La Pelada" se lleva la mayor fama, existe una leyenda urbana mucho más perturbadora que los abuelos de la zona céntrica solían susurrar a los niños para que no salieran a jugar de noche: la historia de Los Degolladitos de la Cañada
El origen de la tragedia: Dos almas inocentes
El mito se remonta a los primeros años del siglo XX, en las barriadas humildes que bordeaban el arroyo antes de que fuera encajonado en el actual muro de piedra. Cuenta la leyenda que dos hermanitos, un niño y una niña de muy corta edad, desaparecieron misteriosamente una tarde de invierno tras salir a buscar leña cerca de los matorrales de la costanera.
Días después, el horror sacudió a los vecinos. Los cuerpos de los pequeños fueron hallados sumergidos en el agua, escondidos debajo de un puente precario. El crimen fue de una saña incomprensible para la época: ambos habían sido salvajemente degollados hasta la decapitación por un vagabundo o un criminal que jamás fue atrapado por la justicia.
Las apariciones en el calicanto
La violencia del asesinato atrapó las almas de los niños en un limbo eterno de dolor. A partir de ese momento, los serenos, los pescadores nocturnos y los trasnochadores que caminaban cerca de las márgenes del arroyo empezaron a presenciar escenas de un terror absoluto.
Los testigos relataban ver a dos figuras infantiles, tomadas de la mano, caminando erráticamente sobre el lecho del río o al borde del murallón. Lo escalofriante de la aparición radicaba en su silueta: los niños no tenían cabeza sobre los hombros.
Según los relatos más perturbadores de la Córdoba antigua, los espectros se manifestaban de dos maneras:
- La búsqueda desesperada: Se los veía buscando entre las malezas y la basura del río, tanteando el suelo con sus manos infantiles en un intento eterno por encontrar sus propias cabezas perdidas.
- El llanto sin voz: Quienes se cruzaban con ellos aseguraban escuchar un llanto desgarrador y agudo que parecía salir del aire mismo, ya que las criaturas carecían de bocas para emitir sonido.
El peligro del encuentro
A diferencia de otros fantasmas que solo deambulan, los lugareños advertían que encontrarse de frente con Los Degolladitos era una señal de extrema desgracia. Se creía que las almas de los niños, en su confusión y sufrimiento eterno, intentaban "robarle" la cabeza o la energía vital a los vivos que caminaban en soledad por La Cañada durante las madrugadas más frías y neblinosas. Aunque la fisonomía de la ciudad cambió, muchos aseguran que cuando la niebla baja sobre el calicanto, los dos hermanitos siguen caminando de la mano, esperando justicia.