
Dallol: El infierno de colores donde la sal todavía es ley
En la depresión de Danakil, al norte de Etiopía, las temperaturas extremas y los paisajes volcánicos enmarcan una tradición milenaria de extracción minera manual.
DANAKIL, Etiopía – Ubicado a más de cien metros por debajo del nivel del mar, el asentamiento de Dallol se consolida como uno de los puntos más inhóspitos y, a la vez, visualmente fascinantes del planeta. Este territorio, caracterizado por sus depósitos de azufre, hierro y sales que crean una paleta de colores vibrantes, oculta bajo su belleza un ambiente capaz de destruir casi cualquier forma de vida.
La geología del lugar es impulsada por el calor del subsuelo, que emerge a la superficie en forma de gases y fluidos cargados de minerales. Estos manantiales expulsan agua a temperaturas que superan los 100 grados Celsius, con niveles de acidez comparables a los de una batería. A este entorno químico se suma un clima extremo: registros históricos sitúan la temperatura media anual en 34 grados, con picos diurnos que sobrepasan con frecuencia los 50 grados Celsius.
Sin embargo, la hostilidad del terreno no ha impedido la actividad humana. Durante siglos, el pueblo Afar ha recorrido la depresión de Danakil para explotar la sal, un recurso que históricamente ha funcionado como el motor económico de la región. Los bloques de sal, cortados manualmente en rectángulos, fueron durante generaciones la moneda de cambio en Etiopía, utilizándose para transacciones comerciales, pago de impuestos y multas.
A pesar de la modernización de las infraestructuras, que ha introducido carreteras y vehículos en la zona, la extracción tradicional no ha desaparecido. Las caravanas de camellos y burros todavía transportan las pesadas barras de sal hacia los mercados de las tierras altas, manteniendo viva una práctica que une la supervivencia humana con uno de los paisajes más alienígenas de la Tierra.
Fuente consultada y foto: clan sapiente